Todo lo que atañe al hombre es pasajero. La materia se descompone y lo inmaterial escapa al tacto. Nada sobrepasa los límites de la comprensión. Lo inexplicable resulta intrascendente, todo se limita a la mera existencia. ¿Y qué es la existencia sino latir?
La suma de las ciencias sacia la curiosidad. Si la ignorancia mitiga al alma ¿por qué no sabiendo nada me arrastra el desvarío? Si los sueños, sueños son ¿acaso no pretenden en vano resolver los enigmas de la realidad?
Sigo latiendo, palpita la vida en mi pecho estático. Dinámico el mundo se detiene ante los ojos del poeta. Solo los boleros fotografían el corazón. Solo las palabras arrojan luz a la contrariedad.
Las noches recargan la batería de interrogaciones con sus pinzas opresoras de las sienes agotadas. El universo motriz atora su engranaje. Las vocaciones frustradas quiebran los eslabones de la felicidad. Si la felicidad es intangible, ¿la voluntad de ser no calca su silueta?
En esta cadena de reciclaje todo espíritu renueva la esperanza cuando, acertado o errático, asume su sino y lucha por su porvenir. Si la existencia es latir, prefiero desfallecer buscando respuestas. Todo lo que atañe al hombre es incierto. El poeta es un hijo bastarto de la incertidumbre, buscando entre los algorítmicos páramos la paternidad del sentido.
El centinela melancólico


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